Los invito a
acercarnos a la danza y a la música a través de la
cultura afroamericana, que nos brindará elementos
para explorar energías determinadas a través del
movimiento, el ritmo y la voz.
La propuesta es
bailar,
expresarnos a través de la danza y del uso de la voz
conociendo
la cosmovisión perteneciente a grupos del Africa
occidental transculturados en Brasil y Cuba y
tomando como base el contenido de su sistema
simbólico religioso-mitológico
referido a los elementos de la naturaleza y su
arquetipo comunitario regulador (Orixá).
Transitando un camino de aprendizaje integral
intentaremos armonizar e integrar:
o El trabajo
corporal con
o El trabajo expresivo / emocional /
energético y
o El trabajo rítmico
Los tres niveles en permanente interacción nos
permitirán hacer arte con lo más profundo de nuestro
ser. Un arte plagado de contenido y simbolismo que
nos remitirá a otras tierras y a otras formas de ver
el mundo y que podremos unir a nuestro espíritu a
través de figuras arquetípicas que nos representan
colectivamente danzando y cantando.
Tomé contacto con la
cultura afro en el año 1987 y absolutamente
apasionada, comenzé a dar clases de danza afro
en 1997. En ese momento, mi inquietud era encontrar
una forma de transmitir la danza afro en un entorno
en el que no eran muy visibles estas manifestaciones
culturales, y teniendo en cuenta las características
y costumbres de la sociedad porteña, que de alguna
manera, también conforman nuestros modos y posturas
corporales.
A partir de allí,
fui desarrollando un esquema de transmisión, que
mantiene su escencia, pero al mismo tiempo, se va
transformando permanentemente de acuerdo a los
cambios que se suceden en el entorno y en mí misma.
Mi trabajo versa
sobre la danza afro en general y mis vivencias me
condujeron a profundizar sobre la temática de Orixás.
En lo didáctico, me entusiasma la posibilidad que me
brinda la cultura afro para enseñar a bailar sin la
utilización de técnicas tradicionales.
Y en un sentido más
amplio, este trabajo apunta a valorizar la presencia
negra en nuestra cultura, sobre todo aquí en Buenos
Aires, donde ha sido negada sistemáticamente en el
transcurso de su historia.
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