Testimonios brindados por negros argentinos contemporáneos
señalan que, hasta hace pocos años atrás (y probablemente aún en
nuestros días) miembros de la comunidad afroargentina tocaban y
bailaban una música que reivindicaban como propia y a la que
llamaban candombe. Estas aseveraciones contradicen la posición
sustentada por cronistas de época, historiadores y estudiosos de
los negros en Argentina, quienes señalan que:
" la
vivencia del candombe, como música, como danza y como ceremonia
folklóricas, se mantuvo hasta la caída de Rosas. Mermó su
intensidad al disminuir el elemento afro-argentino y cuando el
alud inmigratorio "blanqueó" la heterogénea textura etnográfica
de nuestro país. .... A fines del siglo pasado, sólo afloraba
durante las fiestas del carnaval..... Podemos fijar el decenio
de 1870 como la época en que comienza .. su inevitable
decadencia" . (Ortiz Oderigo 1969: 77)
En
este trabajo me propongo reflexionar sobre los motivos de la
discrepancia entre los testimonios de quienes se han dedicado al
estudio de los negros en Argentina y los de los propios miembros
de la comunidad afroargentina. Sostengo que esta discordancia
puede ser explicada, principalmente, por dos factores: 1) la
desaparición anticipada de la comunidad negra de nuestra
historia; y 2) la información usada para describir el candombe
argentino; en especial la utilización del candombe uruguayo como
modelo, a veces sin siquiera explicitarlo.
Este
trabajo forma parte de una investigación mayor realizada
principalmente entre 1990 y 1991, y para la cual recolecté
información de varias fuentes. Entre las diversas actividades
realizadas con este fin, puede mencionarse, en primer lugar, un
exhaustivo relevamiento de la bibliografía relativa a los
aspectos históricos, sociales y culturales de los negros tanto
en Argentina como en Uruguay. En segundo lugar, un trabajo de
campo realizado entre noviembre de 1989 y julio de 1990, período
en el cual formé parte de un grupo compuesto por negros
uruguayos, brasileños y argentinos, que intentó nuclear,
revitalizar y ayudar a la comunidad negra (de diversas
nacionalidades) presente en Buenos Aires. Durante su transcurso,
en diversas charlas informales, pude reunir información sobre la
comunidad negra argentina y el candombe. También, siguiendo las
pistas proporcionadas por Reid Andrews (1980), revisé varios de
los periódicos editados por la comunidad negra durante 1880 y
1888, en busca de la información que allí pudiera hallarse
acerca de su visión de la situación de la comunidad en la época.
Finalmente, en tres oportunidades visité Montevideo y pude tomar
contacto con el candombe uruguayo (en sus distintas
manifestaciones -ver Aharonián 1991, Frigerio 1990).
Este
trabajo constará de dos partes. En la primera presentaré, a modo
de ejemplo de la vigencia del candombe (hasta por lo menos la
década de 1970), extractos de un testimonio que he recolectado
sobre los bailes organizados por el Shimmy Club (la última
institución negra que funcionó en la ciudad). Este testimonio
será complementado con la escasa información secundaria
disponible sobre la comunidad negra porteña de las últimas
cuatro décadas .
En la
segunda parte, reseñaré críticamente los testimonios utilizados
habitualmente por los estudiosos para probar la desaparición de
la comunidad negra, así como las descripciones que éstos brindan
del candombe "clásico". Mostraré que en la casi totalidad de los
trabajos, ante la escasez de testimonios nativos detallados, se
emplean descripciones del candombe uruguayo, no siempre
consignando su origen. Finalmente, argumentaré que los
estudiosos de la comunidad afroargentina y el candombe han
empleado un paradigma que no admite modificaciones en los
símbolos de identidad étnica y propondré que las nuevas
perspectivas teóricas desarrolladas en los estudios de etnicidad
y de folklore permiten entender mejor la relación existente
entre la comunidad negra argentina, el candombe, y la sociedad
mayor.
La
comunidad afroargentina y el candombe en las décadas de 1960 y
1970
Enrique es un afroargentino de alrededor de 50 años,
descendiente de una familia con varias generaciones en el país.
En 1990 me brindó una descripción de los bailes de carnaval
organizados por el Shimmy Club en la Casa Suiza.
Te
estoy hablando del año 1973.... 74, 74, por ahí...yo me acuerdo
que iba a la Suiza... Como te cuento, estaban las mesas, se
sentaban los grandes patriarcas y la Negra San Martin era una
matriarca.... toda una tradición tenía esa negra... Yo me daba
cuenta que era una negra muy querida y respetada en la
comunidad. Despues estaban los Nuñez, despues estaban los
Lamadrid, todos negros viejos... reconocidos por la comunidad,
que la comunidad conoce la historia de ellos... ahora, por qué
es, no lo sé...[...]
Y la
gente bailaba. Primero bailaba el público, y después salían a
bailar los viejos negros, candombe. Y ahí ya no bailaba ningún
blanco, no dejaban que ningun blanco baile... [...] Y ademas,
cuando a las doce de la noche se empezaba a tocar esto, el grito
que se escuchaba era: "eh, eh, eh, barilo".... que quiere decir
que entren los tamboreros... Y despues hay contrapuntos, una
serie de cosas, tocando esto... [...] .... despues de las doce
de la noche, ya ahí salían los negros capos a bailar, y si ahí
se ponía un blanco (que en ese entonces, bueno, siempre se les
dijo "chongo") "Afuera los chongos!!, afuera los chongos!!",
gritaban y entonces los echaban a los blancos. Y entonces
bailaban todos los negros, negros viejos que bailaban... [...]
... "Eh, eh, eh... Bariló....... Eh, eh, eh... Bariló" . [Hace
la mímica de bailar mirando para un lado y otro, con una mano
oficiando de visera encima de los ojos, el otro brazo en la
cintura, en jarra. Mira a un lado y otro con cada estrofa.
Además mueve lentamente los hombros y realiza un balanceo
ondulante de la espalda] Y todos se conocían y gritaban: "hacé
esto, hacé lo otro!!" (no me acuerdo ya lo que se decian que
hicieran). Y despues bailaban los negros jovenes, que ya venian
con un candombe mas actualizado, con algunos toques ya de otra
cosa... pero, los dejaban porque eran "hijos de", "nietos de", y
despues paraba eso y ya entraban los blancos. Y ya podia tocar
cualquiera el tambor (pero tocandolo bien)..... pero cuando
llegaban las doce de la noche, los que tocaban el tambor eran
negros, y los que bailaban eran negros.
[...]
... El Candombe argentino se baila diferente al uruguayo.. Ellos
no tienen esta cosa que es... como mirando a lo lejos, así se
baila acá en Argentina. Ellos lo bailan de otra manera.... [...]
.... el estilo del candombe argentino, es... por las figuras que
se hacen, a mí me da la impresión, que es un baile de los
mayores. Porque se baila todo tipo negro viejo, viste, ese es el
estilo. Qué representa este estilo, por qué se baila asi...
Porque no es como el uruguayo, que los tipos se mueven todos,
no, no el argentino no es así, es todo suave... todos figuras
lentas.
[...]
... Los que tocaban los tambores eran todos argentinos....
[...]... Entonces, me acuerdo que cuando venían los uruguayos,
era una puja ahí! Los uruguayos iban bien allá al fondo a tocar,
y allá tocaban, acá no los dejaban tocar. Y muchas veces se armó
mucha podrida. Yo sé que no los querían a los uruguayos....Yo
nunca pude saber por qué era eso, y cual era la pica con los
uruguayos. Pero al negro argentino nunca le gustó el negro
uruguayo... [...] ... yo le pregunté una vez a mi vieja por que
era la cosa, y mi vieja nunca me lo explico, pero lo que me dijo
es lo siguiente: "los negros uruguayos son vagos y borrachos....
y ladrones y...." bueno, malandras... Y el negro argentino se
sentia un negro no ladron, trabajador, asimilado y todo eso.
Pero con los negros uruguayos siempre hubo pica, siempre,
siempre... [...] ... Y yo lo veia en la Suiza, al negro uruguayo
se lo bandeaba. No integraba con los negros argentinos.. no se
integraba. Y ese decreto viene ya de bastante viejo, porque mi
vieja tendra hoy en dia ochenta y pico de años....
[...]
... Todavia me acuerdo que se cerraba la Casa Suiza, creo que
era a las dos o tres de la mañana, y salian los negros en un
desfile por toda la avenida, todo Corrientes, todos tocando los
tambores y eso... me acuerdo de eso...
[...]
... Pero ya en el ultimo tiempo el Shimmy Club ya no era lo de
antes.... en los ultimos tiempos ya a los negros mucho no les
gustaba porque iban muchos blancos, ya iban muchos blancos. Y
ya los negros no... dejaban de ir....
Este
testimonio permite constatar al menos tres hechos: existía por
lo menos hasta 1973 una comunidad negra que se reconocía como
tal (había patriarcas y matriarcas respetados por su historia
dentro de la comunidad), que se diferenciaba claramente de otros
grupos étnicos (los blancos argentinos y negros uruguayos) y uno
de los principales formas en que lo hacían era a través de una
forma particular de tocar los tambores y bailar (el candombe).
Esta versión de los hechos se ve corroborada por otros
testimonios de la misma época, brindados por un observador
externo (Binayán Carmona 1980) y por periodistas que
entrevistaron a los negros porteños contemporáneos
[i].
En el único trabajo en el cual se describen aspectos de la
comunidad afroargentina en los años 70, Binayán Carmona (1980)
confirma que el vocablo "chongo" era utilizado para referirse a
los blancos
[ii],
mientras que afirma que los negros "se llaman a sí mismos la
clase " (1980: 71). Simpson ratifica esta diferenciación, al
titular su ilustrativa nota sobre la comunidad negra a fines de
los 60, "Porteños de Color: Chongos y Gente de Clase
" (su énfasis). En su crónica, relata:
Cuando
dos personas de color conversan sobre un tercero y quieren saber
si es de su raza, generalmente preguntan: "Es de clase?". La
expresión de clase quiere decir negro, de color, y
la clase implica a la colectividad en su conjunto. Un
muchacho nos dijo.... "Mi hermana está de novia con un chongo".
Queria decir que el cortejante era un joven blanco. [Simpson
1967: 78]
Diversos testimonios recogidos por Simpson y por Thompson
(1973), de la revista americana Ebony, muestran las sutiles
formas de discriminación de la cual eran objeto los negros
argentinos; hecho que servía, indudablemente, para cimentar las
fronteras del grupo étnico. Binayán Carmona, a su vez, relata
que algunos negros también se sentían menospreciados por los
propios estudiosos de su cultura:
"Acotemos que hay varios investigadores que son singularmente
criticados por su "racismo". Uno por ocuparse sólo de los negros
de otros países. Otros por haber escrito que en la Argentina ya
no existen. "Ah, así que yo no existo? Eso es lo que él querría
para que se pueda decir que aquí no hay negros" " (Binayán
Carmona 1980: 70)
Todos
los autores antes mencionados coinciden en el orgullo que sus
entrevistados mostraban de pertenecer a su raza, reflejado en su
satisfacción por las independencias de repúblicas africanas de
la época, y por la admiración que sentían por sus prestigiosos
congéneres (dice Simpson: "admiran a todo negro "que sea
alguien", toman como propio su triunfo" -1967: 80).
Internamente, la comunidad se diferenciaba en tres estratos: el
negro che, el negro vos, y el negro usted (testimonios actuales
que recogí confirman que esta clasificación aún es conocida o
utilizada). Afirma Simpson:
(una
modelo)... manifestó que "hay tres clases de negros": el usté,
el vos y el che o chau. El primero sería el que se empeña en
progresar, en realizarse en una vocación; el segundo, el que se
conforma con un empleo o un oficio cualquiera; y los últimos
"los que no hacen nada, y ni se peinan aunque tengan la cabeza
llena de abrojos"...... (1967: 80)
Con respecto al candombe, Binayán Carmona convalida el
testimonio que me brindó Enrique
[iii]:
En el
candombe se puede oír el grito "Chongo!" ... En el Candombe se
usa también "Uariló (a veces Bariló) y entonado Oh! Oh! Uariló,
siguiendo el baile y acompañado del ritmo de los tambores....
[...]... Bailan desde la medianoche hasta el amanecer bailes
afroamericanos: candombe, rumba abierta y una mezcla de ambos.
Hubo y debe seguir una viva discusión entre los tradicionalistas
y los modernistas, y en algunos momentos hubo dos grupos rivales
de tamboreros y danzarines " (1980: 69 y 72).
El rol
del candombe como elemento identificador de la comunidad también
es señalado por este autor:
"Vos
no sos un negro, sos un chongo!" he oído en un baile de negros
al rehusarse uno a bailar candombe. (1980: 69)
" Un
diálogo: - "Pero qué clase de negro sos que no querés bailar
candombe?".
-"
Para ser buen negro no hay necesidad de atarse a cosas viejas"
"(1980: 72)
Luego de presentar estos testimonios que muestran que, por lo
menos hasta muy recientemente existía una comunidad
afroargentina que se reconocía como tal, y que tocaba candombe,
quisiera referirme ahora a las razones por las cuales los
estudiosos del tema ignoraron la supervivencia de una comunidad
afroargentina con características culturales propias. Como
afirmé al principio del trabajo existen dos razones: 1) el hecho
de que los negros argentinos fueron prácticamente borrados de la
historia nacional luego de 1850
[iv]
; y 2) la utilización del candombe uruguayo como modelo del
candombe "clásico" argentino. A continuación desarrollaré estos
argumentos.
La
"desaparición" de la comunidad negra y de su cultura luego de la
caída de Rosas
En su
introducción a la más reciente recopilación de trabajos
dedicados a los negros en Argentina, en la revista Todo es
Historia (noviembre 1980), Luna afirma que "Negros, lo que se
dice negros, (en la Argentina) no hay" (1980: 5). Refleja así la
opinión de otros investigadores, como Rodríguez Molas (1957: 3)
que señala que "En el Rio de la Plata y en especial en Buenos
Aires... no existen en la actualidad descendientes de los
esclavos, habiéndose este elemento humana diluído entre la
población blanca"; o Kussrow, quien afirma que "no existe ese
grupo racial en nuestro país.... la sufrida y bondadosa raza
esclava desapareció o sucumbió o se mezcló" (Kussrow 1980: 232)
.
Sin embargo, en el trabajo más completo sobre el tema efectuado
hasta el momento, Reid Andrews señala que "los afroargentinos no
desaparecieron ni murieron en ningún momento del siglo pasado;
en realidad fueron desplazados de los registros por censistas y
estadísticos, por escritores e historiadores que cultivaban el
mito de la Argentina blanca" (1980: 112)
[v].
Los historiadores, y quienes escribieron sobre los negros en
este siglo, han tomado las opiniones de ciertos cronistas de la
época como fiel reflejo de los cambios sociales que se estaban
produciendo, sin relativizarlas e insertarlas dentro del
contexto específico de relaciones de clase e interétnicas
propias del momento en que fueron producidas (Uya 1990). Con
respecto a éstas crónicas, es necesario, como hace Schwarcz al
analizar las noticias aparecidas en los diarios de São Paulo
sobre los negros, afirmar que éstas no deben ser consideradas
como " "expresión verdadera" de una época, o como un vehículo
imparcial de "transmisión de informaciones", sino como una de
las maneras en las cuales segmentos localizados y relevantes de
la sociedad producían, retrataban y representaban percepciones y
valores de la época " (1987: 17).
Sabemos ahora que los integrantes de un grupo hegemónico conocen
menos, y comprenden menos, de la cultura del grupo subordinado
de lo que estos saben de la del dominante. Es frecuente que los
rasgos distintivos de la cultura subordinada sean considerados
estigmatizantes y por lo tanto ocultados a los ojos de los
grupos dominantes (Braroe 1975, Carozzi 1988). Por otro
lado, es necesario distinguir entre la visibilidad que
tienen en un momento dado los grupos subordinados para los
grupos dominantes (y las formas bajo las cuales esa visibilidad
se da) y su cantidad numérica real en dicho momento histórico
[vi].
Existen varios indicadores de que, para el caso de los negros
argentinos, es preciso tomar en cuenta estas consideraciones.
Así,
la afirmación de Estrada (1863) de que "Hoy casi no hay negros
en Buenos Aires...." debe ser, por lo menos relativizada, ya que
es repetida veinte años después por Galvez (1883); otros veinte
años más tarde por Soiza Reilly (1905); y más de cien años
después de la primera formulación, por Thompson (1973) .
Afirma
Gálvez en 1883:
Ahora
son pocos, muy pocos los negros, ya no hay candombes. El barrio
de los tambores queda como un recuerdo... Quedan algunos que los
han visto en sus últimas manifestaciones colectivas, y esa
fiesta popular y puramente de africanos, no volverá a
reproducirse mas. [1883: 257]
...
tienen predisposiciones para la música y los negros civilizados
que ahora existen no sólo saben leer y escribir, tienen sus
academias de baile, sus sociedades que lucen en el Carnaval con
alegres trajes y con la música instrumental que ellos mismos
dirigen y tocan. Tienen hasta sus periódicos, y la raza de
color, como la llaman entre sí, aspira a colocarse en el rango
de cultura que los acerque a la raza blanca. [1883: 258]
En su trabajo, Reid Andrews (1980) señala que si bien en la
segunda mitad del siglo pasado hubo una disminución drástica en
el porcentaje de negros respecto a la población total, en
números absolutos la declinación de la comunidad negra no fue
tan grande. Lo que según este autor se hallaba en decadencia en
la década de 1880, cuando Gálvez realiza su comentario, eran las
"naciones" africanas como elementos aglutinadores de la
comunidad. La decadencia de estas instituciones, que en cierta
medida fueron remplazadas por las sociedades de ayuda mutua
demuestran el pasaje de una conciencia africana a una
afroamericana (o, quizás, de una identidad africana a una
afroargentina)
[vii].
Ha
cambiado también, probablemente, la visibilidad que los
negros tenían para los grupos dominantes de la época. Como
afirma Rodríguez Molas (1962: 151) " la sociedad bonaerense veía
al hombre de color casi exclusivamente bajo el aspecto curioso
que presentaban sus candombes y comparsas" . Pero, más allá de
estos "pintorescos" candombes, poco o nada sabemos de la cultura
afroargentina de la época, como para afirmar exactamente qué
manifestación o género desaparece, se transforma o pasa a
realizarse en forma menos pública que antes.
Como el trabajo de Reid Andrews (1980) demuestra, tres décadas
despúés de la caída de Rosas, la comunidad negra no sólo existía
aún, sino que estaba bien activa. Prueba de su actividad la
daban los varios periódicos editados por y para la gente de la
comunidad. Comenzando con La Raza Africana en 1858, estos
periódicos alcanzarán su pico de popularidad entre 1870 y 1880,
con algunos de ellos sobreviviendo hasta 1885 (Reid Andrews
1980: 179, Soler Cañas 1963). La lectura de estos periódicos
muestra a una comunidad que, no obstante las profundas
rivalidades que la surcaban, se reconocía como tal, y debatía
acerca de sus problemas y la mejor forma de solucionarlos. Los
periódicos dan, además, una visión de la rica vida social que al
menos parte de la comunidad llevaba, con semanales reuniones
(tertulias) y ensayos de grupos carnavalescos
[viii].
Probablemente estas sociedades carnavalescas, menospreciadas por
los estudiosos, hayan sido mas importantes aún que las
sociedades de ayuda mutua de las cuales habla Reid Andrews. Por
lo que se desprende del análisis de los periodicos negros (las
continuas referencias a las actividades de estos grupos,
invitaciones a los ensayos, etc.), es muy probable que las
agrupaciones de carnaval hayan nucleado efectivamente a un mayor
numero de individuos que las asociaciones de ayuda mutua.
Además, también es probable (aunque es un aspecto que merece un
estudio en profundidad) que las agrupaciones carnavalescas no
sólo hayan sido más populares, sino que también hayan perdurado
más tiempo que las asociaciones de ayuda mutua, desapareciendo
no con la raza negra, como se cree, sino con el carnaval
[ix].
El hecho de que en varias de estas reuniones se imitaran las
costumbres de la élite blanca porteña no impide que ciertas
pautas culturales negras siguieran existiendo en la comunidad.
Ingenieros (1920: 38-39) describe una ceremonia religiosa
afro-argentina que presencia en 1893 y en los periódicos negros
de la década del 80 se encuentran referencias a que ciertos
miembros de la comunidad continúan tocando candombe. En algunos
casos apoyando esta actitud
[x],
en otros criticando su ejecución en público en carnaval
[xi]
.
Con
respecto a las primeras décadas del siglo XX,
desafortunadamente, nuestros datos sobre la comunidad negra son
escasos. No existen (o si los hay no son conocidos) periódicos
de la comunidad que nos permitan conocer la vida comunitaria.
Sin embargo, existen algunos indicios de que la comunidad
persiste, y que aún se realizan esfuerzos por constituir
agrupaciones o periódicos que los nucleen y reflejen sus
problemas.
La Protectora
, órgano de difusión de la sociedad
de ayuda mutua negra más exitosa, se publica intermitentemente
hasta 1910 (Reid Andrews 1980: 154); en este año (1910)
existía también un periódico denominado La Verdad
dirigido por Benedicto Ferreira. Los datos sobre agrupaciones
que nucleen afroargentinos en la primera década del siglo son
escasos, pero sabemos que: existía La Protectora, y
probablemente existiera al menos otra, la Agrupación Patriótica
25 de mayo
[xii].
Durante la segunda década de este siglo sabemos que existen más
agrupaciones negras: continúa La Protectora; el Círculo Social
Juvencia
[xiii];
la Agrupación Patriótica 25 de Mayo; la Asociación de Fomento
Gral San Martín
[xiv]
y se funda el Shimmy Club en 1922, que durará hasta
aproximadamente 1975 (Ortiz Oderigo 1980: 34). Según testimonio
de Puccia (1974: 92), al iniciarse la segunda década del siglo
en el teatro Marconi se organizaban bailes a los cuales
concurria casi exclusivamente gente de color. Vemos entonces que
los "numerosos negros de la República" (como afirma un artículo
de Caras y Caretas en 1910) aún son una comunidad que lucha por
ser reconocida y valorada
[xv].
Para las últimas cinco décadas, la información disponible sobre
la comunidad negra es muy escasa. Reid Andrews (1980) tan sólo
le dedica el epílogo de su libro, y, exceptuando el ya
mencionado trabajo de Binayán Carmona (1980), tan sólo unos
pocos artículos periodísticos brindan alguna información sobre
el negro argentino del siglo XX (Reilly1905, Simpson1967,
Grassino 1971, Thompson 1973)
[xvi].
Sobre las descripciones del Candombe que poseemos
En esta sección reseñaré las descripciones de candombe
utilizadas habitualmente en la bibliografía sobre los negros
argentinos. Mostraré que, ante la carencia de descripciones
detalladas del baile y la música de los afroargentinos, se
utilizaron descripciones del candombe uruguayo (a veces sin
siquiera explicitarlo) como modelo de lo que estas
manifestaciones podrían haber sido. De esta forma se construye,
en los trabajos sobre el negro en nuestro país, una imagen de
cómo era el candombe "original" argentino que no sólo carece de
validez, sino que además constituye la base desde la cual se
ignora y descalifica a las manifestaciones culturales (musicales
y dancísticas) afroargentinas posteriores
[xvii].
A la negación de la existencia de una comunidad afroargentina se
le añade, entonces, el desprecio por las formas culturales
producidas por los negros existentes, que son consideradas
supervivencias degeneradas de formas tradicionales.
a)
Fuentes Históricas
Las fuentes históricas citadas habitualmente para hacer
referencia a las danzas de los negros durante la época del
gobierno de Rosas (apogeo del candombe "clásico") son: López
(1880) y Wilde (1881), quienes mencionan los bailes que
realizaban los negros en sus tambos los domingos y días de
fiestas pero sin describirlos, y Gálvez (1883), que recuerda un
desfile de naciones africanas convocadas (aparentemente por
Rosas) para reunirse en la Plaza de la Victoria (actual Plaza de
Mayo) . Es probable que ese desfile fuera el mismo que evocan
Ramos Mejía (1907: 219-221) y Sarmiento (1900) . Otro testimonio
visual, el de Aureliana Cazón, quien visitó junto con otras
niñas de la sociedad un candombe en la Quinta de las Albahacas,
tampoco detalla las danzas presenciadas
[xviii].
Finalmente, otra fuente utilizada es un cuadro pintado por
Martín Boneo, denominado "El Candombe", que muestra a
Rosas y su hija Manuelita en el candombe de la nación Congo
Augunga en1838
[xix].
Ninguno de estos autores hace una descripción detallada de los
bailes de los negros. El único que sí describe un candombe que
presenció cuando niño (pero en Uruguay) es Rossi (1958 (1926):
76-78). Con posterioridad, también en Uruguay, realizarán
descripciones del candombe Pereda Valdés (1965: 154) y Ayestarán
(1953: 84) . Ambas son reconstrucciones basadas en testimonios
de informantes negros uruguayos.
b)
Estudios contemporáneos sobre Candombe
Luego de estos testimonios históricos, que son los únicos
mencionados en la bibliografía, contamos con las descripciones
de candombe utilizadas en los estudios clásicos (o más
utilizados) sobre el negro en Buenos Aires (Kordon 1938, Lanuza
1967, Ortiz Oderigo 1969, Kussrow 1980, Reid-Andrews 1980).
Kordon (1938: 43-44) describe un desfile de agrupaciones negras
(aparentemente inspirado en Ramos Mejía y Gálvez) y un candombe,
parte de cuya descripción reconoce es la de Rossi para un
candombe uruguayo. Reproduce, asimismo, estribillos de candombe,
algunos de los cuales, al menos, también provienen de Rossi
(aunque no lo menciona)
[xx].
Lanuza (1967) también se sirve de la descripción de Rossi de un
candombe montevideano como ejemplo de lo que podían haber sido
los candombes porteños, y de Cazón y López para describir las
visitas de Rosas a los naciones afroargentinas. Rodríguez Molas
(1959, 1962) utiliza el cuadro de Boneo. Carámbula (1966)
utiliza la descripción y los versos de Kordon (1938).
En el
único libro dedicado íntegramente al tema ("Calunga: Croquis del
Candombe"), Ortiz Oderigo (1969) lleva la tendencia a utilizar
descripciones del candombe uruguayo al hacer referencia al
argentino a su punto más extremo. Aunque señala en el comienzo
que el candombe es una fiesta folklórica que se cultivó en ambas
márgenes del Plata, a partir de allí hará casi siempre
referencia a manifestaciones "afroargentinas". Sin embargo, la
casi totalidad de las descripciones pertenecen al Uruguay. Así,
la descripción de la "coreografía del candombe" (1969: 23-27) es
la de Ayestarán (1953) para el Uruguay; la "poesía del candombe"
(1969: 46-47) son los estribillos que da Kordon (1938: 46-47),
algunos de los cuales, como vimos, también son uruguayos
(tomados de Rossi). Al afirmar que el candombe es una "danza
dramatica", con personajes y argumento (1969: 23) está
haciendo referencia al trabajo de Carvalho Neto sobre el
candombe uruguayo. En ninguno de estos casos, por ejemplo, se
mencionan las fuentes ni se hace referencia a que provienen del
candombe uruguayo.
Más
recientemente, en su minucioso trabajo sobre la fiesta de San
Baltasar en Corrientes, Kussrow (1980) también utiliza la
descripción de Ayestarán del candombe uruguayo como modelo con
el cual comparar las danzas que se realizan en esa provincia. En
el intento más completo de reconstruir las diferentes etapas por
las cuales puede haber pasado el candombe, Ratier (1977)
advierte que "es corriente en muchos trabajos sobre candombe,
ofrecer como ejemplo la descripción que para Montevideo da
Vicente Rossi, sin considerar posibles diferencias locales". Sin
embargo, ante la ausencia de descripciones locales, también se
ve obligado a utilizar la descripción del uruguayo.
Resumiendo, podemos afirmar que todos los estudiosos actuales
que se ocuparon del Candombe especificamente usan descripciones
uruguayas, ya sea las de Rossi (Kordon 1938, Lanuza 1967, Ratier
1977) o la más reciente de Ayestarán (Kussrow 1980, Ortiz
Oderigo 1969)
[xxi].
El único que usa una descripción uruguaya con reservas,
admitiendo que puede haber variaciones locales, es Ratier al
utilizar la de Rossi
[xxii].
El
hecho de que varios estudiosos locales utilicen descripciones
uruguayas, a veces sin especificar su procedencia, lleva a que
el estereotipo del "candombe" se continúe reproduciendo. Reid
Andrews (1980), por ejemplo, al describir las características
del candombe, reproduce las apuntadas por Ortiz Oderigo (1969)
sin saber que, en realidad, corresponden al Uruguay. De esta
forma, aún su trabajo, que replantea el tema del negro en el
país, continúa reproduciendo el estereotipo del candombe
"clásico", que invalida cualquier manifestación cultural
afroargentina más reciente.
Conclusiones
En las
páginas anteriores he intentado demostrar que, hasta por lo
menos principios de la década de 1970 (aunque probablemente
hasta la actualidad), existía aún una música y una forma de
danzarla, que los afroargentinos reivindicaban como propia, y
que constituía al menos uno de los elementos que utilizaban para
construir una identidad diferencial (la de "la clase") respecto
de otro grupo ("los chongos" -los blancos). Según lo argumentado
anteriormente, este hecho es mayormente ignorado o minimizado
por quienes se han dedicado al estudio de la cultura y la
comunidad afroargentina.
El
candombe actual (o por lo menos el reciente -de la década del
70) no existe para los estudiosos porque no se corresponde con
la forma "clásica", que se cree desapareció en la segunda mitad
del siglo pasado, debido a la disminución numérica y la
dispersión geográfica que habría acabado con la comunidad
afroargentina como tal.
Además de la utilización defectuosa de materiales secundarios,
que permite la construcción de un candombe-tipo que
probablemente nunca existió en nuestro país (desgraciadamente
jamás sabremos cuántos géneros de musica, danza y religión,
entre otras, existieron en la comunidad afroargentina), es
necesario destacar que lo que facilitó esta construcción fue el
empleo, conciente o inconciente, de un paradigma que congela al
grupo étnico así como a sus rasgos culturales. Estos
presupuestos latentes subyacen a quienes se acercan al fenómeno
desde una visión antropológica
[xxiii],
y también a quienes lo hacen desde una perspectiva folklórica
[xxiv].
Actualmente, sin embargo, tanto desde las nuevas perspectivas
desarrolladas sobre etnicidad, como desde las desarrolladas en
el folklore, se adopta una visión más dinámica y no "esencialista"
de la cultura y de los grupos que la poseen. Como bien afirma
Royce en su trabajo sobre identidad étnica, "Para muchos
estudiosos del pasado lo que caracterizaba a un grupo etnico
era su adhesion a la "tradición"..... Un comienzo primigenio se
postulaba, y se suponía que las costumbres eran heredadas sin
cambios por cada generación. Cuando el cambio se introducía, la
tradicion disminuia. Esta visión probablemente nunca se
correspondió demasiado con la realidad. Los humanos
constantemente adquieren nuevos rasgos, cambian y reformulan
antiguos, abandonan algunas características" (Royce 1982: 9).
Desde las nuevas perspectivas desarrolladas en el folklore,
Blache señala que "los folkloristas, en especial los
latinoamericanos .....fueron reacios a concebir la tradición
como proceso, y proclives a presentarla como acumulación de
materiales heredados cuya rusticidad, larga vida y permanencia
aseguraban su carácter genuino. .... A menudo lo tradicional fue
considerado condición indispensable para caracterizar lo
folklórico......habitualmente no diferencian con claridad la
tradición como forma y como contenido. En el primer caso se
transfiere a los sucesores hechos concretos... En cambio, la
tradición como contenido denota que sus creadores o portadores
estan traspasando a sus continuadores la manera de dar
respuesta, de adaptarse; de vincularse a su contexto en el
presente, siguiendo pautas provenientes del pasado. En esta
última instancia puede cambiar su apariencia externa, pero si se
comprueba que sigue cumpliendo la misma relación con el
contexto, permite afirmar que se trata de un fenómeno cuyos
efectos son homologables " (1988: 26-27).
Los testimonios presentados en este trabajo permiten señalar
que, no sólo durante el siglo pasado sino también en éste, el
candombe (no importa la forma que haya tenido en Buenos Aires)
fue siempre un importante elemento identificador de la comunidad
negra porteña. Esto tanto desde la perspectiva de la sociedad
mayor, ya que " la sociedad bonaerense veía al hombre de color
casi exclusivamente bajo el aspecto curioso que presentaban sus
candombes y comparsas" (Rodríguez Molas1962: 151), como para los
propios negros, ya fueran los del siglo pasado
[xxv]
o los actuales (recordemos los testimonios recogidos en el
Shimmy Club).
En la
medida en que el candombe del siglo pasado como el del presente
constituyen un importante elemento de la identidad étnica,
resulta más apropiado considerarlos homólogos, ya que siguen
cumpliendo la misma función en el contexto social (Blache 1988),
y no considerar al actual meros "ruidos de tambor", tal como
hizo un estudioso del tema en un reportaje sobre la comunidad
negra a fines de la década de 1960 (Simpson 1967).
Finalmente, aún si desde un punto de vista ético (en el sentido
de Harris 1982) se quisiera evaluar la "africanidad" del
candombe de la década de 1970, resultaría mucho más apropiado
analizarlo desde perspectivas actuales en el campo de los
estudios africanos y afroamericanos, en vez de compararlo con
una supuesta forma anterior. En este campo de estudios también
prevalece actualmente una visión más dinámica de los rasgos
culturales, que tiende a analizar el legado cultural
afroamericano no en términos de rasgos concretos sino de reglas,
estructuras, principios o valores (frecuentemente inconcientes)
que estructuran la producción de ciertas manifestaciones
culturales afroamericanas (Mintz y Price 1977, Frigerio 1992).
Esta modalidad de análisis permite una mejor visión del cambio y
la readaptación cultural y resalta la africanidad de
manifestaciones que, de acuerdo con los estudios anteriores que
enfatizaban ítems determinados, no la reflejaban.
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[i]
Simpson (1967) en la revista Panorama de junio de 1967; Era
Bell Thompson en la revista americana Ebony de octubre de
1973, y Grassino (1971) en la revista del diario Clarín
(5/12/1971).
[ii]
A modo de ejemplo, relata haber sido testigo de la siguiente
interacción: " "Vos no sos un negro, sos un chongo!" he
oído en un baile de negros al rehusarse uno a bailar
candombe" . (Binayán Carmona 1980: 69)
[iii]
Simpson también testimonia la existencia del candombe en las
reuniones del Shimmy Club: "En general, la gente de color no
es aficionada a la música propiamente africana. Le gusta el
jazz, el tango, la música tropical, aunque hay un reducido
grupo de candomberos, que son vertiginosos bongoceros o
tumbadores. "En el salón grande se toca lo que le gusta a
todo el mundo, y el candombe en el fondo, frente al bufet",
explicó Perez [marido blanco de la secretaria del Shimmy
Club, negra]. Aunque no es raro que, al final, se produzca
una especie de candombe general, en el que intervienen
todos" (1967: 81).
[iv]
Afirma Rout (1976: 194): " Algún tipo de acuerdo tácito de
que su presencia no era ni necesaria ni deseada parece ser
la razón por la cual muchos historiadores argentinos han
ignorado completamente a los negros en su discusión de la
historia nacional posterior a 1852".
[v]
Esto ocurrió no sólo en Argentina, sino también en otros
países de Latinoamérica (ver Rout 1976).
[vi]
En otro trabajo, en el cual analizo la gráfica publicitaria
de la revista Caras y Caretas de la primera década del
siglo, sostengo, por ejemplo, que el hecho de que los negros
aparecieran siempre retratados como sirvientes no
necesariamente indica que la mayoría lo eran, sino que era
bajo esta ocupación que eran más visibles para cierto
estrato de la sociedad de la época (al que pertenecían
quienes escribían las revistas y diarios) (Frigerio 1991).
[vii]
Si en la década de 1840 había más de 40 naciones en la
ciudad, y en la de 1850 más de 50 (Reid Andrews 1980: 145),
"en los 60s las sociedades habían declinado desde sus
números originales a patéticas agregaciones de diez o veinte
miembros" (Reid Andrews 1980: 148). El mismo autor, sin
embargo, morigera estas afirmaciones al señalar que se basan
en tan sólo algunos testimonios que figuran en el Archivo
General de la Nación. Datos proporcionados por otros autores
parecen indicar que las naciones se extinguieron más tarde:
el último rey Congo, Joaquín González, falleció en 1886
(Bosch 1941); la sociedad Benguela termina a fines de siglo
al morir su último rey, de nombre Regalado (Binayán Carmona
1980: 69); el Candombe de Grigera (Congo) termina en 1901
(Ortiz Oderigo 1980: 34), en 1908 aún se pueden observar los
restos de la sede de la nación Camundá (Ortiz Oderigo 1969:
78-79).
[viii]
Según el relevamiento que realicé de los periódicos La
Broma, La Igualdad y La Juventud del período de los años
1876 a 1880.
[ix]
Estudios recientes comienzan a otorgarle más importancia a
las agrupaciones negras de carnaval como entidades que no
sólo cumplen importantes fines culturales, sino también
sociales y políticos (Riserio 1981, Bacelar 1989). En
determinadas circunstancias históricas, estas agrupaciones
pueden, además, hacer posible la supervivencia física de la
comunidad negra. En una ciudad sin "territorios negros"
(Rolnik 1989), éstas agrupaciones proveen uno de los escasos
espacios donde miembros de la comunidad pueden conseguir
una pareja que pertenezca a la misma (Frigerio 1990).
[x]
Por ejemplo, el periódico La Broma del 27 de enero de 1881,
en la página 3, relata: "Nos aseguran que se están
levantando firmas entre varios vecinos de un Sitio
de la calle de Mexico para presentarle una petición a la
autoridad solicitando la prohibición de los bailes que allí
tienen lugar los domingos, porque les incomoda el ruido del
Tambor a los señores peticionantes. Ignoramos si es
cierto lo que al respecto se nos cuenta, a pesar de que no
es la primera vez que esto sucede, y no han sacado nada
favorable los interesados. Y esta, qué sacarán? Tendremos al
corriente al lector de lo que sobre este asunto pase".
Desgraciadamente no aparece más información al respecto en
números posteriores.
[xi]
En el mismo La Broma, en el editorial del 3 de marzo 1882,
se afirma: "Hoy cualquier niño de cuatro o cinco años toma
un barril vacío de aceitunas, le pone un cuero y toca fuerte
con tino y a la par del más viejo candombero. Entonces, qué
novedad nos presentan cierto número de jóvenes, con
sofocarnos gratuitamente con un instrumento que tanto lo
conocemos, que lo apreciamos y respetamos en su local, pero
que tenemos que rechazarlo en los días del carnaval, porque
consideramos ridículo de que cada uno represente enmascarado
el papel que tiene más deber de representarlo a cara
descubierta? Sinnúmero hay de esos jóvenes que si alguna de
nuestras tías les piden encarecidamente que ejecuten el
tambor o la masacalla en algunos de los pocos locales de
nuestros abuelos que han quedado como recuerdo de que ellos
tenían más idea y poder de sociabilizarnos que muchos de
ellos, se niegan y salen haciéndose los avergonzados y
parándose el cuello para lucirle a las pollas; y sin
embargo, descaradamente, se tiznan la cara y se exponen a la
hilaridad general en plena calle de Florida ". Volviendo
sobre el tema, en su editorial del 9 de marzo, exhorta:
"demostremos la diferencia que hay entre una sociedad
candombera que causa la hilaridad de todos y una
sociedad musical que recibe siempre el aplauso general."
[xii]
La Agrupación Patriótica 25 de Mayo deja una placa en el
monumento a Falucho en 1910 (Estrada 1979: 119). Hay un
Centro Patriótico 25 de Mayo que deja otra placa en 1923
(Estrada 1979: 119). El guitarrista afroargentino Enrique
Maciel evocaba, entre las agrupaciones de negros que conoció
en su juventud, a la sociedad "Patriótica 25 de Mayo"
(Blomberg 1949). Supongo que será la misma que actuó durante
(al menos) las dos primeras décadas del siglo.
[xiii]
En 1924 deja una placa en el monumento a Falucho con el
siguiente texto: "El Círculo Social Juvencia - a Antonio
Ruiz (Falucho) en nombre de sus hermanos por la patria y por
la raza -1824 - febrero 7 - 1924" (Estrada 1979: 119).
[xiv]
También deja una placa en el mismo monumento en 1923
(Estrada 1979: 119). Si bien por el texto de la misma no se
puede aseverar que sea una sociedad de negros, Ortiz Oderigo
(1980: 34) la ubica entre las últimas entidades de este
tipo.
[xv]
Según el artículo "La Mudanza de Falucho", aparecido en
Caras y Caretas el 13/8/1910, Benedicto Ferreira, el
fundador del periódico "la Verdad", también promovió la
iniciativa de erigir un monumento al coronel negro Lorenzo
Barcalá.
[xvi]
Aquí debemos hacer excepción de los trabajos de Maffia
(1986) y Lahitte y Maffia (1985, 1986) sobre la comunidad
negra Caboverdeana, grupo que, por otra parte, se mantiene
separado de los negros porteños "históricos".
[xvii]
Parto de la constatación de que las descripciones que
tenemos no nos permiten afirmar cómo eran las
manifestaciones culturales afroargentinas, ni cuántos
géneros danzísticos y/o musicales existieron. En esto mi
posición se diferencia de la de Ratier (1977), quien
escudriña celosamente la misma bibliografía para intentar
rescatar elementos que puedan indicar, realmente, cómo era y
fue evolucionando la música y el baile de los
afroargentinos.
[xviii]
La mayor parte de estos testimonios (Wilde, López, Gálvez,
Cazón), junto con una semblanza de los negros candomberos
del carnaval de 1896 realizada por Rubén Darío, pueden ser
encontrados en la excelente recopilación de Lanuza (1942),
"Los Morenos".
[xix]
Pradere , en su libro sobre la iconografía de Rosas, dice "comentando
el señor Boneo un pasaje del Dr. Vicente Fidel Lopez, ha
tratado en su cuadro El Candombe los famosos bailes de los
negros..... inspirandose no solo en las referencias de
nuestros historiadores sino y principalmente en lo que él
alcanzo de aquellos espectáculos groseros y ruidosos que
entretenian y divertían a la plebe" ( Pradere 1914: 220-21).
Si el candombe que retrata es efectivamente de 1838, como
afirma Pradere, Boneo se estaría inspirando en lo que
observó a los 9 años de edad (nació en 1829), razón por la
cual no resultaría muy confiable como fuente.
[xx]
Una fuente anterior a Rossi que menciona el mismo estribillo
es De María (1888).
[xxi]
Aunque un análisis exhaustivo del tema escapa a los límites
de este trabajo, es necesario señalar que una lectura
crítica de la bibliografía afrouruguaya siembra dudas aún
sobre la validez de la descripción del candombe "clásico"
formulada por Ayestarán (1953). Las descripciones más
antiguas de Rossi y Pereda Valdés son parecidas entre sí. A
ellas, Ayestarán agrega la participación de los personajes
de la comparsa afrouruguaya de carnaval, sin precisar
demasiado en qué se basa para hacerlo.
[xxii]
La utilización defectuosa de datos secundarios no se
restringe, desgraciadamente, en el caso de la cultura
afroargentina, al candombe. Existen otros ejemplos : 1) Se
da como existente en la Argentina a cierto "folklore
afrorioplatense" cuyo origen africano ni siquiera está bien
documentado para Uruguay. Como bien señala Carvalho Neto
(1955), Pereda Valdés (1941) asigna el status de
"supersticiones africanas", entre otras, a las del "negrito
del pastoreo" y a la de los "negros del agua", basándose
para ello tan sólo en el trabajo anterior de Granada (1896).
Oderigo (1974), a su vez, afirma que estos elementos forman
parte del folklore negro argentino. 2) Se dice que fueron
patrimonio cultural de los negros de "ambas márgenes del
Plata" danzas cuya existencia sólo fue mencionada en
Uruguay. Tal es el caso de la chica y la bambula
, nombradas en un artículo escrito en Montevideo en
1857, rescatadas en el trabajo de Ayestarán (1953) sobre
música negra en el Uruguay, y que luego son dadas por
Oderigo (1974) y Reid-Andrews (1980) como danzas ejecutadas
en Buenos Aires. Más patético aún es el caso de otra "danza
afro-rioplatense", la calenda . Ayestarán (1953),
basado en Carlos Vega, muestra que el retrato de Dom
Pernetty (1763) de esta danza afrouruguaya en realidad es un
plagio de la descripción dada por Labat para Santo Domingo
en 1698. Oderigo, y a través suyo Reid Andrews, la dan como
existente en Buenos Aires. 3) Gran parte de las canciones
de comparsas de negros, a través de las cuales se analiza su
"psicología", son en realidad canciones cantadas por las
comparsas de falsos negros en carnaval. Como en los nombres
de estas comparsas figura la palabra "negros" ("Los Negros
Esclavos" o "Los Negros Azúcares") se cree que eran cantadas
por afroargentinos (ver Bilbao 1962).
[xxiii]
Por ejemplo, en un trabajo reciente Rodriguez Molas afirma
que "De ninguna manera las "culturas" afroamericanas de los
siglos 18 y 19 están vivas en el continente y continúan
radiando su influencia... Existieron en algún momento esas
"culturas"? Es posible denominar "culturas de la negritud" a
retazos de los "estilos de vida" o a sincretismos
impuestos?" (1988: 129). Más adelante, al referirse a las
fiestas de origen congo que aún se encuentran en Brasil y
Cuba, afirma: "Debemos insistir en el hecho de que al
analizar estos "estilos de vida" hay que tener en cuenta
factores históricos.... en caso contrario podemos caer en el
error de definirlos como manifestaciones de la "cultura
afroamericana". (1988: 132). Concluye su análisis de las
naciones afroargentinas afirmando que: " Los bailes -el
origen de gran parte del folklore latinoamericano (samba,
tango, cumbia, conga)- son la resultante de los métodos
impuestos por el poder para hacer más soportable "el pesado
yugo de la esclavitud" (1988: 144).
[xxiv]
Ortiz Oderigo, en "Calunga: Croquis del Candombe", afirma
que el candombe era una " fiesta folklórica" (1969:
17), y más adelante precisa: "Puede clasificarse la
ceremonia en que fijamos nuestra mirada como una "danza
dramática", "danza pantomímica"... Es decir, se trata de un
baile en el que juegan personajes -dramatis personae- que
desempeñan distintos papeles, o posee un 'argumento' "
(1969: 23). Para dicha afirmación se basa, probablemente,
en Carvalho Neto, quien considera que los personajes del
candombe actual representan una historia cuyo argumento se
perdió "en la noche de los tiempos" y cuyos significados
trata de reconstruir en su trabajo (1971).
[xxv]
La "apropiación" (más exactamente, la parodia) que del
candombe realizaron las comparsas de "falsos negros" durante
la década del 80 provocó fuertes reclamos por parte de los
afroargentinos, tanto en los periódicos negros (que llamaban
a no confirmar el estereotipo tocando el candombe con la
cara tiznada en lugares inapropiados -ver la nota 11) como
en los diarios de la sociedad mayor (ver los testimonios en
el excelente trabajo de Soler Cañas 1963: 288-289 y 306-308;
y en Figarillo 1902).
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